Alexander pasó las páginas lentamente.
Cada día se anotaba con letra legible.
Fecha.
Hora de llegada.
Es hora de irse.
Horas adicionales.
Firma en el salario supuestamente recibido.
Enseguida lo comprendió:
Rose nunca firmó.
Las firmas eran diferentes.
En la última página había fotocopias de las nóminas.
Las cantidades coincidían.
Pero el dinero desapareció.
—¿Quién se encarga de la nómina? —preguntó en voz baja.
La esposa respondió sin rastro de emoción:
— Contabilidad.
¿Por qué necesitas esto?
Alexander ya no escuchaba.
Media hora después, el servicio de auditoría interna estaba revisando los documentos de la empresa.
Al anochecer, algo increíble se hizo evidente.
Durante varios años, se desviaron grandes sumas de dinero a los empleados mediante pagos ficticios.
Amas de llaves.
Jardineros.
Conductores.
Seguridad.
Según los documentos, todos recibieron su dinero a tiempo.
De hecho, muchos trabajaron gratis durante meses.
El resto desapareció en las cuentas de empresas fantasma.
Los daños totales superaron los treinta y ocho millones.
Pero lo más terrible resultó ser otra cosa.
Todas las traducciones fueron aprobadas por una sola persona.
La esposa de Alejandro.
Ideó un plan con el jefe de contabilidad, confiando en que su marido nunca comprobaría los pagos a los sirvientes comunes.
Cuando la policía llegó a la mansión, Rosa ya estaba empacando sus cosas.
Ella pensaba que simplemente la despedirían.
Pero Alexander la detuvo.
– No vas a ir a ninguna parte.
Él le entregó un sobre.
Dentro se encontraban todos los salarios pendientes.
Premio.
Y un contrato para un nuevo puesto: gerente del servicio económico.
—¿Por qué… yo? —preguntó Rose en voz baja.
Alexander miró el cuaderno azul.
— Porque mientras la gente a mi alrededor mentía, tú seguiste registrando honestamente cada día de tu trabajo.
Una semana después, Rosa y su hija se mudaron a un nuevo apartamento.
Nastya tuvo su propia habitación por primera vez.
Alexander pidió quedarse con el cuaderno azul.
Lo guardó en una caja fuerte junto a los documentos más importantes de la empresa.
Cuando se le preguntó por qué, respondió:
— A veces, un viejo cuaderno escolar vale más que cualquier informe financiero.
Porque fue la honestidad de un hombre sencillo la que una vez salvó a toda una empresa de aquellos en quienes más confiaban.