El policía abrió con cuidado la cremallera del pequeño bolsillo interior.
Dentro había algo más que una simple nota.
Había un plano de la zona forestal doblado a mano.
El mapa mostraba antiguos claros, un terreno abandonado y el lugar donde el propio Alexander había trabajado varios años antes.
Junto a ella, había una breve frase escrita a lápiz:
«Si un perro se acerca a la gente, te llevará hasta allí él solo. Simplemente no lo metas en el coche.»
—Déjenlo salir —dijo inmediatamente el oficial superior.
Grom parecía entender cada palabra.
Esperó hasta que todos estuvieron listos y luego se apresuró a regresar al bosque.
Agentes de policía, rescatistas y una unidad canina corrieron tras él.
El perro nunca se apartó.
A veces se detenía, miraba hacia atrás y volvía a correr hacia adelante.
Cuarenta minutos después, los rescatistas oyeron una voz débil.
Alexander estaba sentado bajo un viejo pino.
Estaba muy cansado, pero consciente.
Al ver a Grom, el hombre sonrió.
— Sabía… que volverías.
El perro corrió primero.
Con cuidado, apoyó la cabeza en el regazo de su dueño y gimió en voz baja.
Los rescatistas prestaron rápidamente primeros auxilios a Alexander.
Posteriormente, los médicos confirmaron que tenía una fractura compleja en la pierna, pero gracias a la rápida llegada de ayuda, se evitaron complicaciones graves.
Cuando la noticia llegó a los medios locales, las preguntas que más le hicieron los periodistas a Alexander fueron:
—¿Cómo decidiste dejar que el perro se fuera solo?
No respondió de inmediato.
Luego miró a Grom.
– A veces, el verdadero coraje consiste en confiar en alguien que nunca te ha traicionado.
Unas semanas más tarde, se celebró una pequeña ceremonia en la comisaría del distrito.
A Grom le pusieron un collar nuevo y resistente, además de una placa especial.
Pero el perro parecía no entender en absoluto por qué había tanta gente alrededor.
Simplemente se sentó junto a su dueño y movió la cola alegremente.
Porque para él lo más importante no era el reconocimiento.
Y el hecho de que el hombre al que amaba volviera a caminar a su lado por el sendero del bosque.