El hombre llevaba varias horas caminando por el bosque. Simplemente quería seguir senderos conocidos y respirar aire fresco. Todo estaba en silencio, hasta que oyó el crujido de las ramas a sus espaldas.
Se dio la vuelta y se quedó paralizado: una manada de lobos emergió de entre los árboles. Eran muchos, al menos ocho. Al principio, el hombre pensó que se trataba de un encuentro casual, pero a medida que los lobos se acercaban lentamente, no le quedó duda: se preparaban para atacar.
El hombre corrió hacia el árbol más cercano, se quitó la mochila y comenzó a trepar por las ramas. El corazón le latía con fuerza, respiraba con dificultad y las manos le resbalaban constantemente sobre la corteza.
Los lobos rodearon el árbol, mostrando los dientes y gruñendo. Uno de ellos se irguió sobre sus patas traseras y, de repente, mordió la bota de su compañero, tirando de ella hacia abajo. Los demás corrieron alrededor del árbol, describiendo un círculo y fijándose en él con sus ojos amarillos.
El anciano gritó y se aferró con todas sus fuerzas, pero ya le fallaban. Sabía que no aguantaría mucho más. Su teléfono estaba en la mochila y, de todos modos, no había cobertura en la zona. Pero justo en ese momento, ocurrió algo totalmente inesperado. (Continúa en el primer comentario)
Y de repente, desde lo más profundo del bosque, surgió un sonido que nos heló la sangre. Un gruñido profundo y poderoso, como si la tierra misma hablara. Los lobos se quedaron inmóviles y se dieron la vuelta al mismo tiempo.
Una enorme sombra apareció entre los árboles. Al instante siguiente, un oso apareció en el claro. Se detuvo, miró fijamente a los lobos y rugió con tanta fuerza que las hojas de las ramas temblaron.
Los lobos, con el rabo entre las patas, huyeron uno tras otro y desaparecieron en el denso bosque. El oso permaneció inmóvil unos segundos más, luego alzó la cabeza y miró fijamente al hombre.
El anciano tardó un buen rato en bajar. Se había salvado de un depredador solo porque había aparecido otro. Y aún no lo entendía: ¿Fue un milagro, una coincidencia… o alguien lo había estado protegiendo en aquel bosque?